Elaborando Mi Plan de Vida

Melany Cachay Méndez

La Perspectiva Temporal Futura (PTF) se define como la representación mental de las metas futuras (Lacante et all, 2004). Todos los individuos tenemos un conjunto de esquemas basados en experiencias previas. Estos esquemas interactúan todo el tiempo con información nueva que proviene del ambiente. Cuando estos dos factores se relacionan entre sí, es decir, cuando los esquemas se ven afectados por la información nueva, se forman expectativas futuras o metas, cargadas de significados personales (Nuttin, 1985).

Entonces, lo que somos ahora es producto de nuestro pasado y de aquello que queremos ser en el futuro. Nuestra imagen futura opera como un modelo que direcciona nuestra conducta y que guía nuestras energías hacia una de-terminada meta. Con esto, la conducta se regulará según los proyectos personales de cada persona reflejando una concepción de sí mismo (Martínez, 2004).

Ahora bien, durante la adolescencia temprana se posibilita la adquisición de las operaciones formales del pensamiento. Es decir, el adolescente es capaz de formular hipótesis, las cuales lo habilitan a la exploración mental de diferentes y posibles cursos de acción. Esta nueva capacidad ayuda a los adolescentes a ponerse metas futuras que pueden no ser realizadas inmediatamente y a construir planes mentales alternativos de acción (Berger 2005).

Según Díaz y Martínez (2004) y Nurmi (1991), el pensar en los eventos futuros motiva el comportamiento actual durante todo el tiempo de vida. Sin embargo, pensar y planear el futuro es particularmente importante para los adolescentes, ya que se ven enfrentados con las tareas evolutivas esperadas según su edad, impuestas por los padres, los pares y los profesores, muchas de las cuales se relacionan con las expectativas del desarrollo de su vida futura.

Además, las decisiones de los adolescentes orientadas hacia el futuro, como las relacionadas con las profesiones, el estilo de vida y la familia futura tienen una influencia crucial en su vida adulta. Al mismo tiempo, la visión del adolescente con respecto a su futuro juega un importante papel en la formación de la identidad (Castillo, 1999 en Díaz & Martínez, 2004).

Es así que, para Seginer (2003), el entorno familiar y de manera especial los padres afectan la orientación futura de los adolescentes. De igual manera, un modelo parental que permita al adolescente expresar sus opiniones y discrepancias facilita la construcción de su orientación futura proveyéndole autonomía y salud emocional. Así mismo, las expectativas que tengan los padres con respecto al futuro de su hijo también tendrán un impacto en la organización de sus metas futuras (Herrera, 1999; Nurmi, 1991; Seginer, 2003).

Según los resultados de las investigaciones (Barnett & McCabe, 2000; Nurmi, 1991, Seginer, 2003), los adolescentes organizan sus metas futuras nombrando como las tres metas principales a la educación, el trabajo y la familia. Luego, están las metas relacionadas a las actividades de ocio y, finalmente, las metas relacionadas a la obtención de los objetos materiales. Sin embargo, existen diferencias de género, ya que los varones se muestran más interesados en la obtención de los objetos materiales para su vida futura, mientras que las mujeres se centran más en la formación de la familia propia.

Ahora bien, según los estudios de Nurmi (1989, 1991), los adolescentes proyectan su futuro hasta el final de la segunda década y principios de la tercera década de vida. Este dato es consistente con el tiempo que, por lo general, toma la culminación de los temas que más les interesan, es decir, educación, trabajo y familia. Es así que, estas metas, como su tiempo de extensión, reflejan el “prototipo cultural” de desarrollo de vida, a saber, terminar su educación, conseguir un trabajo, casarse y finalmente conseguir materiales básicos para su vida.

Referencias Bibliográficas

Barnett, D. & McCabe, K. (2000). First comes work, then comes marriage: Future orientation among African American adolescent. International Journal of Psychology, 49 (1), 63-71. Recuperado en Abril 12, 2007 de la base de datos
Psychology and Behavioral Sciences Collection.

Berger, K. (2005). Psicología del desarrollo. Niñez y adolescencia. Buenos Aires: Médica
Panamericana.

Díaz, J. y Martínez, P. (2004). Metas y satisfacción vital en adolescentes españoles y peruanos según sexo y nivel socioeconómico. Revista de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 22, (1), 121-149.

Herrera, D. (1999). La cultura escolar en el contexto de la inserción social adolescente. Persona, 2, 181-199.

Lacante, M., Lens, W., Simona, J & Vansteenkiste, M. (2004) Placing motivation and future time perspective theory in a temporal perspective. Educational Psychology Revie,16 (2), 121-139. Recuperado en Abril 12, 2007 de la base de datos Psychology and Behavioral Sciences Collection.

Martínez, P. (2004). Perspectiva temporal futura y satisfacción con la vida a lo largo del ciclo vital. Revista de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 22 (2), 215-252.

Nurmi, J. (1989). Development of orientation to the future during early adolescence: a four year longitudinal study and two cross-sectional comparisons. International Journal of
Psychology, 24, 195-214.

Nurmi, J. (1991). How adolescent see their future? A review of the development of future orientation planning. Developmental Review, 11, 1-59.

Nuttin, J. (1985). Future time perspective and motivation: Theory and research method. Neva Jersey: Lawrence Erlbaum Associates.

Seginer, R. (2003). Adolescent future orientation: An integrated cultural and ecological perspective. Online Readings in Psychology and Culture, 11 (5), 100-106. Recuperado en Abril 12, 2007 de la base de datos Psychoinfo.

 


Y luego del terremoto ¿Qué?
Trastorno de Estrés Post-Traumático

Melany Cachay Méndez

La exposición a eventos traumáticos, así como las consecuencias que de ellos se derivan, no es un fenómeno nuevo. Los seres humanos hemos ex-perimentado tragedias y desastres a lo largo de toda nuestra historia. Evidencias de reacciones postraumáticas datan desde el S. VI A.C. Su descripción como problema clínico comienza solamente en la segunda mitad del S. XIX.

Observaciones derivadas de la Guerra de Secesión, en Estados Unidos y más tarde en las dos guerras mundiales fueron dando forma a la entidad bautizada sucesivamente como corazón irritable, shock de bombardeo, ansiedad de las trincheras, fatiga de combate, neurosis de guerra y astenia neurocirculatoria. A ellos se agregaron, por su pobre conocimiento sobre su origen, otros términos tales como: neurosis traumática y síndrome post-Vietnam.

En nuestro país, el Instituto Especializado de Salud Mental “Honorio Delgado-Hideyo Noguchi” reportó en sus últimos estudios epidemiológicos de salud mental que en Lima Metropolitana el Trastorno de Estrés Post Traumático tiene una prevalencia de vida (concepto epidemiológico que significa que el trastorno ha estado presente en algún momento de la vida) de 6%, mayor en mujeres (8%) que en varones (3.8%)

El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) se desarrolla en el ser humano que ha vivido un episodio dramático intenso, al que llamaremos “trauma”. Los eventos traumáticos son ocurrencias inesperadas e incontrolables que amenazan en forma intensa el sentimiento de seguridad y la autoconfianza de la persona desencadenando intensas reacciones de temor hacia el entorno y dejándole una marcada sensación de vulnerabilidad. Esto puede ocurrirle durante un conflicto armado, como víctima de secuestro, tortura, violación, haber sido testigo de la muerte violenta de un ser querido, haber sufrido amenaza de muerte o de serio daño a su integridad física, ya sea en forma individual (asalto, violencia familiar) o colectiva (desastres naturales).

El trastorno se inicia luego de un período de latencia - de unas semanas hasta seis meses – después de la experiencia traumática. Como respuesta al trauma, la persona queda sensibilizada y puede experimentar cambios en sus sentimientos, pensamientos y forma de comportarse. Muchas personas se sienten molestas, culpables e incluso se acusan de cosas que hicieron, o no hicieron, para sobrevivir. Tales autoacusaciones, usualmente exageradas y no fundamentadas realistamente, pueden provocar sentimientos de desánimo, desconfianza y desesperanza en la vida futura y facilitar depresiones.

A nivel psicosocial la Comisión de la Verdad y Reconciliación ha señalado que las consecuencias de salud mental derivadas del conflicto armado ocurrido en el país en las décadas de los 80´s y 90´s constituyen, actualmente, un problema de salud pública. Un gran número de personas afectadas, que han recuperado su vida, lo han hecho padeciendo de síntomas de estrés emocional. Por otro lado, tales trastornos no sólo disminuyen la capacidad productiva de los afectados sino que, en un porcentaje aún no precisado, los incapacita para el trabajo productivo.

No existe tratamiento específico para el TEPT. Sin embargo, el consenso especializado afirma que el principal papel del especialista es facilitar una vía de desfogue al paciente, brindarle información complementaria y permitirle plantear las preguntas que estime convenientes para calmar sus incertidumbres y angustias. El propósito es permitir la descarga emocional a través de la verbalización de los sentimientos y al mismo tiempo, comprometer al paciente a trabajar en equipo fomentando diferentes estrategias como potenciar la comunicación entre los miembros de la familia, reducir posibles focos de tensión y fortalecer la solidaridad familiar. Se puede, además, sugerir la posibilidad de evaluar a los miembros de la familia que lo requieran pues no es infrecuente que un paciente afecto de TEPT genere violencia y altere la salud mental familiar.

Bajo este concepto y pensado en la realidad de pobreza en la que trabajan la mayoría de nuestros Centros de Atención Primaria, se considera un conjunto de métodos, técnicas, filosofías y procedimientos, con mayor o menor apoyo científico, pero culturalmente arraigados y de beneficio para la búsqueda del bienestar emocional del afectado. Entre ellas citamos: las técnicas de relajación, el ejercicio físico y el tratamiento nutricional dietético.

Bibliografía

Alarcón R. Trastornos de Angustia, Capítulo 14 en Perales A, Mendoza A, Vásquez-Caicedo G, Zambrano M. Manual de Psiquiatría “Humberto Rotondo”. Fondo Editorial UNMSM. Lima, 1998.

Instituto Especializado de Salud Mental. Estudio epidemiológico en salud mental en la selva peruana 2004. Informe General. Anales de Salud Mental, 2005;21(1-2):1-213. (versión en C.D.).

Newport J D, Nemeroff Ch B. Neurobiology of Posttraumatic Stress Disorder, FOCUS, 2003;1(3):313-321.

Vedantham K, Brunet A, Boyer R, Weiss Ds, Metzler TJ, Marmar Ch R. Posttraumatic Stress Disorder, Trauma Exposure, and the Current Health of Canadian Bus Drivers. Can J Psychiatry 2001;46:149-155.