BOLETÍN

Editorial                      

La Felicidad es una Decisión

Según Aristóteles, la felicidad implica gozar el instante sin dormirse en él. Esto significa comprender que la vida está hecha de momentos y que hay que esfor-zarse para hacer del siguiente un momento feliz.

Cada persona encuentra la felicidad siguiendo su propio camino y la disfruta también a su manera. Pero es necesario entender que la felicidad no es nece-sariamente el efecto de situaciones externas, sino que depende, más bien, del cómo "leemos" lo que ocurre en el entorno y en nuestro interior.

Una de las condiciones para que esa lectura sea positiva, es tener conciencia de que estamos construyendo nuestra propia vida a través de nuestro hacer y sentir. Si entendemos nuestra vida como un proyecto en continua trans-formación y tenemos la voluntad y la habilidad para luchar contra las circuns-tancias adversas, obtendremos una lectura positiva y avanzaremos con entusiasmo y optimismo hacia la felicidad.

La habilidad se adquiere, pero sin voluntad no se puede hacer nada. Por ello, aunque el camino sea duro, debemos buscar en nosotros mismos la motivación para seguir adelante. Debemos recordar que un paso, un simple y sencillo paso en la dirección correcta, nos puede llevar muy lejos. La búsqueda de la felicidad es un viaje en el que no hay que sentir temor ni vergüenza al pedir consejo y orientación.


Reflexiones

¿Cómo manejo el estrés?

El término estrés ha ido convirtiéndose en un concepto cada vez más arraigado en el lenguaje cotidiano, sin que ello represente un incremento en la capacidad de las personas para manejarlo de manera saludable.

Lo que alguna vez fue considerado un malestar propio de ejecutivos y empre-sarios de alto nivel, en la actualidad sabemos, que no hace distinción de ninguna edad y acomete a toda persona.

Para identificar el grado de estrés que sufrimos, existen instrumentos de validez y confiabilidad comprobada que permiten realizar diagnósticos precisos. Aquí les presentamos, a modo de ejemplo, algunas preguntas orientadoras que les ayudarán a hacer una introspección en este sentido.

  1. ¿Tiene dificultad para conciliar el sueño?
  2. ¿Durante el día se cansa con mayor facilidad que antes?
  3. ¿Tiene problemas digestivos o dolores de cabeza?
  4. ¿Sufre de mareos, taquicardias o problemas de presión?
  5. ¿En ocasiones se siente solo/a, deprimido o desmotivado/a?
  6. ¿Reacciona de manera desproporcionada o violenta?
  7. ¿Se siente nervioso/a, cohibido/a o amenazado/a?
  8. ¿En situaciones conflictivas pierde la concentración?
  9. ¿Siente que ha perdido capacidad de decisión o participación?
  10. ¿Ha perdido el interés o siente que ya no puede con el trabajo?
  11. ¿Siente que ha perdido autocontrol y disciplina?
  12. ¿Ha empezado a olvidarse de asuntos importantes?


Si tiene tres o más respuestas afirmativas, existe la posibilidad de que esté pa-sando por un cuadro de estrés. Las respuestas afirmativas indican su tendencia a manifestarlo a nivel físico (1 a 4), emocional (5 a 7) o mental (8 a 12).

Es importante recordar que el estrés es parte de la naturaleza humana. Existen formas para bajarlo a un nivel adecuado y lograrlo requiere de esfuerzo, indispensable para alcanzar un mejor equilibrio y calidad de vida. El bienestar en nuestras relaciones personales, el éxito en nuestro desempeño profesional, y sobre todo, nuestra salud física y emocional, dependen de ello.

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Enfoque

Mi Aliado: El Estrés

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha contado con un aliado interno: el estrés. En un medio complicado, hostil y a veces impredecible, donde se requerían respuestas rápidas y eficaces, el estrés nos ayudó a sobrevivir. Pero lo que antes fue una herramienta, hoy constituye un medio de autodestrucción que se dispara automáticamente y de manera inconsciente. El estrés es un malestar biológico, emocional y físico que experimentamos frente a situaciones nuevas, de cambio o de adaptación. Ante un agente estresor externo o interno el cuerpo responde, de manera fisiológica, segregando hormonas que producen cambios en diversas partes del organismo. En términos generales se pueden distinguir tres clases diferentes de estresores:

  1. Físico: relacionados al entorno, como los ruidos, el calor, el dolor, etc.
  2. Psíquico: vinculados con la personalidad y el mundo interior, como la ne-cesidad de control, las responsabilidades, el aislamiento, la soledad, etc.
  3. Social: relacionados a situaciones de competencia, obligaciones sociales, un cambio de estatus laboral (ascenso o descenso), la relación con la pareja, etc.

Actualmente, el estrés es primordialmente de origen social. Suele afectarnos debido a que no acostumbramos expresar nuestras emociones de manera saludable, y debido a ello, estas se ponen de manifiesto de manera somática. A algunas personas, por ejemplo, el no expresar el enojo les afecta el aparato digestivo o el hígado, mientras que a otras, el tener demasiados asuntos pendientes les produce dolores de cabeza, contracturas musculares o insomnio. Lo peor es que en muchos casos, esta situación deviene permanente y resulta intolerable.

Para dejar de sufrir este malestar, debemos lograr comprender que el estrés no es en si mismo inadecuado. Es mas, puede ser positivo y hasta necesario para mantener sano todo nuestro organismo. Cuando el estrés ocasiona un exceso de esfuerzo en relación a nuestra propia carga es denominado distrés, mientras que por el contrario, nos permite llenar nuestra vida de energía y vigor, es denominado eustrés.

Aunque parezca difícil de creer, el estrés nos permite experimentar de la forma más armoniosa lo sublime y saludable de nuestra vida. Es un estado de con-ciencia, en donde nos organizamos para vivir la vida de manera creativa. Sólo de esa forma podremos afrontar con realismo circunstancias que nos sucederán de manera inevitable. La creatividad, nos permite descubrir nuevas soluciones a los problemas y tomar decisiones que contribuyan a nuestro desarrollo, permitiéndonos sentir nuestra vida como un viaje de descubrimiento, como una experiencia valiosa y armónica.

Por ello, es necesario que a través de la terapia, conozcamos, reconozcamos e interpretemos adecuadamente las señales de nuestro cuerpo, hasta lograr ser conscientes de nuestra dinámica entre la tensión y la relajación. Así pasaremos del distrés al eustrés con mayor facilidad y sin tanto dolor psíquico. La vida es un laberinto en el cual tenemos dos opciones: podemos sentarnos a sufrir nuestra incapacidad para salir de él, o como Daedalos, podemos construir con creatividad, paciencia y trabajo, unas alas para salir volando hacia el horizonte.