Multiplicando Mis Inteligencias Para Ser FELIZ
Ps. Melany Cachay Méndez
P. es un adulto que trabaja en un buen puesto en una entidad pública desempeñándose en su profesión. Sin embargo, él dice sentirse "enjaulado" en su casa porque no puede soportar escuchar comentarios y quejas de su esposa. Mientras que en el trabajo, le cuesta mucho escuchar algún reclamo de su jefe con respecto a su desempeño en la oficina. Esto le molesta tanto que lo siente como una "agresión directa" hacia él. Por lo general, se siente cansado física y emocionalmente ya que trata de contener la mayoría de emociones que siente por temor a "explotar"…
V. es una mujer, madre de una niña pequeña que está atravesando un divorcio. Ella siempre se sintió "perfecta". De niña fue miembro del cuadro de honor del colegio durante todos sus años de estudio, de joven se amanecía los días que eran necesarios para sostener su beca universitaria y la semana pasada le ofrecieron el puesto de su actual jefe. A pesar de una historia de vida "exitosa", ella es incapaz de entender y manejar su situación de separación. Desesperadamente, busca culpables de la separación y siente que no puede llorar por esta situación, ya que eso significaría ser débil y "dejarse ganar" por su futuro ex esposo…
L. es un niño que le encanta jugar fútbol, basket, tenis y cualquier otro deporte que conozca. De grande, quiere ser el mejor futbolista del mundo y ganar muchas copas mundiales con su equipo. Para que su sueño se cumpla, sus padres lo han inscrito en las ligas menores de un conocido equipo limeño. El semestre pasado, L. jaló un curso, sus padres muy fastidiados dejaron de llevarlo a sus entrenamientos y decidieron ocupar esas horas contratando a un profesor particular para su hijo. Este semestre, las notas de L. no han mejorado y por lo contrario, puede que empeoren.
Estas viñetas son ejemplos que dejan entrever que el bienestar emocional y el saber enfrentar los problemas y situaciones cotidianas muchas veces escapan de nuestro potencial académico o del bagaje educativo que nos acompañe.
Gardner (1993), psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, desarrolló la teoría de las inteligencias múltiples, basándose en la creencia de que las personas tienen la capacidad de aprender de diferentes maneras, según sus habilidades particulares.
Con esto, Gardner establece ocho clasificaciones de la inteligencia-Lingüística, lógica, visual, kinestésica, musical, interpersonal, intrapersonal, naturalista y emocional- demostrando que LAS PERSONAS PUEDEN SER INTELIGENTES DE DIFERENTES MANERAS.
Es muy importante descubrir, desde niños, qué capacidades aparecen de manera natural e innata en cada persona para potencializarlas y luego desarrollarlas. A partir de esto, no sólo se busca reconocer habilidades específicas, sino que también tener todas las estrategias y herramientas necesarias a la mano para sortear lo que nos depare el futuro de la mejor manera posible.
Así como es necesario repetir hasta el cansancio las tablas de multiplicar para aprenderlas, también es necesario estar abiertos a diferentes y nuevas vivencias, como por ejemplo disfrutar de una tarde templada en el jardín de la casa pisando en pasto sin zapatos, contactar a ese amigo del colegio y ver cuánto es posible cambiar físicamente, pero también caer en cuenta que se puede reír como antes o llevar en la maleta una botella de agua y salir de la casa por el simple gusto de caminar, explorar y conocer.
Definitivamente, una persona saludable sabe cómo equilibrar, en la mayoría de los casos, el desarrollo académico con el desarrollo emocional, buscando siempre el camino hacia el bienestar y la felicidad enfrentando y superando las diferentes situaciones y crisis de la vida.
Gardner, Howard. (1993). Inteligencias múltiples: La teoría en la práctica. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S. A.
La Disciplina
El ayudar al niño a comportarse de una manera aceptable es una parte esencial de su crianza. La disciplina varía con la edad. No hay una manera correcta de criar a los niños, pero se debe de buscar la manera más adecuada.
La forma en la que el padre corrige el mal comportamiento del niño o adolescente tiene que hacerle sentido al hijo. El padre no puede ser tan estricto, que el niño no sienta más adelante el amor y la buena intención del padre.
Los niños pueden hacer que sus padres se enojen y pierdan la paciencia. Los padres deben tener control de sí mismos cuando están enojados. Aunque un grito de "Nooo!!!!" puede atraer la atención de un niño pequeño que está por cruzar la calle, puede conseguir intranquilizar al bebé que está llorando. Los niños mayores deben de saber lo que se espera de ellos. Los padres después de ponerse de acuerdo, deben de explicarle claramente las reglas de convivencia y las normas de comportamiento al niño.
Cuando los padres y los niños no están de acuerdo sobre las reglas, ambos deben de tener un intercambio de ideas que los ayude a conocerse y a llegar al establecimiento de nuevas reglas con la participación de ambos. Sin embargo, los padres son los responsables de establecer las reglas y los valores de la familia.
El dominio de sí mismo o auto-control no ocurre automáticamente o de manera natural. Los niños pequeños necesitan que sus padres los guíen y apoyen para que comiencen el proceso de aprender a controlarse. Cuando los padres guían el proceso, el auto-control aumenta durante los años escolares.
Cuando los intentos de disciplinar al niño no tienen éxito, puede ser beneficioso consultar con alguien fuera de la familia para que nos ofrezca sugerencias sobre la crianza del niño. Los profesionales especializados en el desarrollo y el comportamiento infantil pueden darle información acerca de la manera de pensar y de desarrollarse el niño.
Bebés, Papás y Mamás Prematuros
Existe inexactitud en conocer cuál es la causa que provoca el nacimiento de un bebé de forma prematura, pero existen algunos factores asociados: enfermedad materna previa, antecedentes de partos prematuros o abortos, embarazo múltiple, infección vaginal, urinaria, o del líquido amniótico, anomalía placentaria, hipertensión, diabetes, estrés de la madre o del bebé, alimentación deficiente, entre otras.
Un parto a término se produce entre la semana 37/42, un bebé prematuro llegará antes de ese momento y con menos de 2,000 gr. de peso. Actualmente, un bebé con 23/24 semanas de gestación puede sobrevivir. Otra posibilidad, es que el nacimiento se produzca en la semana 40, pero con un peso similar al del bebé prematuro. Todo bebé que llega al mundo antes de concluir la gestación, requiere atenciones especiales, debido a que sus órganos no han tenido tiempo suficiente para madurar. Si estos no funcionan correctamente, puede desarrollar una discapacidad o enfermedad crónica.
Los bebés prematuros presentan problemas para controlar su temperatura, respiración y alimentación, razón por la cual se les coloca en una incubadora, que conecta a un respirador o ventilador y son alimentados mediante una sonda.
Los padres de los bebés prematuros también necesitan de mucha atención como sus pequeños hijos, debido a que se ha sustituido la maravillosa bienvenida de su bebé, por una situación precipitada e inesperada.
Estos padres experimentan shock, negación, culpa (¿qué he hecho yo para causar esto?), enfado (hacia el bebé, la esposa, el personal médico, el destino), depresión (que muchas veces crea distancias entre ellos y el bebé), negociaciones (prometo ser siempre el mejor padre si el bebé sobrevive) y miedo (¿cómo lo cuido? ¿qué hago si muere?).
Este tipo de sentimientos son naturales y pueden ir repitiéndose tiempo después del nacimiento. Los padres se recuperan de este shock de diferentes maneras; la mayoría acepta la situación y empiezan a tratar de encontrar modos de ayudar a su bebé.
Sin embargo, el bebé prematuro también experimenta su propio proceso de shock, dolor, miedo y aislamiento. En realidad, el bebé puede ser ignorado como ser humano emocional y con sentimientos, mientras los adultos se concentran para salvar su vida. Esta clase de tratamiento a menudo se extiende más allá de lo necesario, cosificando al bebé y levantando una barrera emocional y espiritual entre el niño, sus padres y el mundo. El primer contacto de los prematuros con el tacto humano conlleva dolor: agujas, pruebas, tubos, soportes ásperos, luces brillantes, todo ello después de la tranquilizadora protección que ofrece el útero.
Es por esto que, una de las primeras cosas que los padres pueden hacer para ayudar a iniciar los vínculos, es dar masaje a su bebé. Es una hermosa expresión de cuidado que contribuye a la salud física y psicológica, para los bebés y los padres. La mayor parte de la angustia se minimizará si los padres pueden restablecer el control de la situación, aunque es posible que al principio tengan miedo de acariciarlo, porque puede parecer muy frágil debido a su pequeño tamaño.
Es muy importante que se establezca, lo más pronto posible, un vínculo físico entre la madre, padre y el niño, hablando y tocando al bebé, además facilitará su desarrollo. En muchos hospitales está instaurado y se anima a los padres a usar el método canguro: contacto piel a piel continuo y prolongado y alimentación materna exclusiva. Este contacto ayuda a que los bebés se relajen y respiren con más facilidad, al tiempo que les estimula a succionar y alimentarse.
El Programa Madre Canguro (PMC) y el Programa Padre Canguro (PPC) puede disminuir la morbilidad y mejorar el bienestar de los recién nacidos, previniendo la presencia de hipotermia e infecciones, favoreciendo el establecimiento y continuación de la lactancia materna y aumentando considerablemente en ambos padres la capacidad y confianza en sí mismos, para tomar el cuidado de sus bebés.
El PMC y el PPC aportan mucho en la recuperación de la responsabilidad familiar, frente al cuidado del niño previamente estabilizado, y la creación de un vínculo que favorece la unión familiar.
El amor estimula afectivamente al niño, a través de las caricias, del tacto, la voz, el arrullo y el latido cardíaco de los padres. El prematuro desarrolla comportamientos que lo estimulan sensorialmente y se cree que son la base de la interacción psicoafectiva, del desarrollo cognitivo y la comunicación posterior.
No es absolutamente necesario que sea la madre quien realiza éste procedimiento, podría hacerlo también el padre o la persona encargada del cuidado del bebé. De esta forma el padre puede vincularse y sentirse importante en el cuidado y crecimiento de su hijo.
Bibligrafía:
Fundación Madre Canguro Integral (2007) "Masaje infantil, guía para el padre y la madre" - March of Dimes Birth Defects Foundation.
"Mi hijo e hija adolescente con las justas saluda y se despide"
Hijos e hijas adolescentes: de las dificultades a las diversas soluciones
Melany Cachay Méndez
Muchos padres y madres piensan que su hijo e hija adolescente se comunica mejor con cualquier otra persona antes que con ellos.
La clave parece estar en mostrar interés por sus cosas, pero sin interferir demasiado; es decir, esforzarse por respetar la necesidad de privacidad del adolescente para lograr la confianza y cercanía emocional necesaria en esta etapa entre padres e hijos.
A continuación le ofrecemos algunas estrategias para mejorar la comunicación con sus hijos e hijas adolescentes:
Reconozca que no hay receta mágica. Lo que funciona con unos no funciona con otros. Averigüe cuáles son los intereses de su hijo adolescente, infórmese del asunto e intente iniciar una conversación con ese tema.
Escuche. Limítese a escuchar y no lo interrumpa. Ponga atención a lo que él o ella dice. Elija un lugar tranquilo y sin interrupciones. Cuantos menos consejos dé, más consejos le pedirá. Deje los sermones.
Busque momentos oportunos. Los adolescentes no se comunican cuando se les ordena, sino cuando ellos quieren. Usted debe estar disponible; unos prefieren hablar al llegar de clase, otros después de cenar, otros antes de irse a la cama. En general las mejores conversaciones se dan cuando se hacen cosas compartidas (lavar los platos, cocinar, mover los muebles, pintar una habitación...).
Hable de las diferencias. Si su hijo no tiene claro que usted respeta su derecho a tener opiniones diferentes, será difícil que se abra con usted. El desacuerdo civilizado y razonado no impide la comunicación. Conocer los puntos de desacuerdo puede ser muy útil para saber el nivel de madurez de su adolescente y permitirá renegociar normas.
Sin exagerar. Si ante un error o incumplimiento de su hijo o hija usted reacciona desproporcionadamente es muy posible que acaben en gritos e insultos. Controle su rabia sin dejar de expresar su preocupación. Una buena forma es preguntar, lo más calmado posible, su opinión al respecto y a partir de ahí hablar de las diferencias.
Si su hijo o hija de 14 años le cuenta que el pasado viernes probó una cerveza y usted pierde los estribos, lo más probable es que no vuelva a contarle nada en mucho tiempo.
Preocupaciones e intereses. Algunas de las cosas de las que ellos quieren hablar quizás a usted le aburran, póngase en su lugar y en su época. Sin fingir interés, lo notan. Preguntar y escuchar es signo de respeto hacia los sentimientos y opiniones.
Algunos de los temas que interesan o preocupan en estas edades son:
- Los estudios.
¿Qué tal en clase hoy? Bien. Ante una pregunta general una respuesta general. Lea sus libros o cuadernos y pregunte cosas más concretas: ¿Cómo te va con las ecuaciones de 2º grado?, ¿Hay algún compañero nuevo en tu salón?, ¿Qué te parecen tus profesores?
- Aficiones.
Si es aficionado al deporte o seguidor de un equipo pregúntele por cosas concretas de ese tema. La música es algo que atrae durante algún tiempo a casi todos los adolescentes y usted debe saber, como mínimo, los nombres de los cantantes favoritos de su hijo o hija.
- Emociones.
Sabemos que los adolescentes se preocupan por muchas cosas: sus amigos, su sexualidad, su aspecto físico, su futuro laboral, el divorcio de sus padres, las guerras en el mundo, etc.
Cuando no esté seguro de la importancia de un tema para su hijo PREGÚNTELE. ¿Qué importancia tiene para ti?, ¿Con qué frecuencia te preocupa?, ¿Te parece un problema pequeño, mediano o grande?
Conocer la magnitud y la importancia de sus preocupaciones le permitirá decidir mejor como afrontarlo.
- Familia.
A los adolescentes les gusta hablar y participar en las decisiones familiares, igual que le gusta ser tenidos en cuenta en las normas que les afectan individualmente. Tomando parte en las conversaciones familiares se sentirá más seguro y más vinculado emocionalmente a la familia.
- Temas "delicados".
Si usted evita hablar de temas delicados lo más probable es que su hijo o hija adolescente busque información y opiniones en otro lado. Los adolescentes dicen saber mucho acerca de algunos temas delicados pero la realidad es que saben muy poco. Afrontar un asunto delicado por primera vez y de frente funciona pocas veces.
No puede uno sentarse frente a su hijo de 13 años y sin haber tocado antes el asunto decir: "Hoy vamos a hablar de las relaciones sexuales". Esta es la forma más rápida de acabar una conversación antes de empezarla.
- El futuro.
Con la maduración mental el futuro será algo que empezará a preocupar. El hábito de comunicación con los padres facilitará preguntas del tipo: ¿Cómo será la vida después de la Secundaria?, ¿Encontraré trabajo?, ¿A qué edad puede uno casarse? Estas preguntas merecen su atención y respuesta. Cuando no sepa contestar: un "no se" honesto es la mejor respuesta y continúe pidiendo sus opiniones, ilusiones, aspiraciones o sentimientos.
- Cultura, acontecimientos.
La saturación de medios de comunicación hace que su hijo o hija tengan un montón de ventanas al mundo. Compartir opiniones sobre películas o espectáculos es un excelente medio de conocer sus gustos y opiniones.
Comuníquese con respeto. A veces los adolescentes provocan diciendo o haciendo cosas inapropiadas. Sin caer en la provocación. El auto-control que usted demuestre dará fruto en mejores relaciones y conversaciones en el futuro. A veces dan más importancia a cómo se dicen las cosas que a las cosas que se dicen.
Si recuerda como usted pasó su adolescencia confirmará que es una época de muchos cambios, confusiones y crisis. Sin embargo, la mayoría superó los obstáculos de la mejor manera posible y llegando a ser adultos que encuentran su lugar en la vida, se relacionan satisfactoriamente y llegan a ser buenos ciudadanos. Es por eso que, dos de los roles principales que tienen los padres y madres de hijos o hijas adolescentes es el ser comunicador y ser escucha, debido que la comunicación es la base de la confianza, así como uno de los pilares más importantes de tan exclusiva y única relación.
Referencia Bibliográfica
*Maciá, D. (2002). MANUAL PARA PADRES DESESPERADOS... CON HIJOS ADOLESCENTES. Adaptación y resumen del capítulo virtual. Buenos Aires: Pirámide.
Madre: imagen de renuncia
Patricia Alarcón Durán
Homenaje a la mujer que por amor a sus hijos renuncia incluso a sí
misma.
Pero también a la mujer que aunque sea solo por momentos, lo logra
hacer.
Homenaje a la mujer que renuncia a sus propios sueños,
a su libertad, a su tiempo de descanso.
Pero también a la mujer que no lo logra pero igual día a
día vive el reto.
Homenaje a la mujer que no sólo cruza las fronteras geográficas,
venciendo los Andes o los desiertos, por un futuro para sus hijos.
Sino además, que cruza fronteras mentales,
dejando atrás herencias culturales y familiares de posesión
y transforma la idea de: "tener hijos para estar mejor"
y asume el reto de "ser mejor para los hijos"
Homenaje a la mujer que a través de su mirada
construye las bases de un nuevo ser.
A la mujer que al mirar a su hijo
renuncia a mirarse a sí misma.
¿Cómo Ayudar
a que Nuestros Hijos se Concentren? Roxana Alvarado Ruiz
¿Qué tipo de estímulos bombardea el cerebrito de
tu hijo(a) en su tiempo libre?
¿Qué clase de estímulos intenta ingresar a su cerebrito
en la actividad escolar?
La respuesta a estas interrogantes nos
enfrenta con uno de los factores que amenaza cada vez más y con
más fuerza a nuestros hijos y, que hace que los niños
de este siglo sean más distraídos que los de antes:
“Los estímulos
que llegan con mayor frecuencia en su tiempo libre son imágenes
y los que encuentran en el ambiente escolar son verbales”
El cerebro se programa para procesar
estos estímulos visuales y, por ello, se da una mayor distractibilidad
en las situaciones escolares o estruc-turadas, es decir, las
que exigen un trabajo mental de abstracción, análisis y
síntesis.
Atender es focalizar
conscientemente los sentidos en un determinado objetivo y durante un tiempo
determinado. Concentrarse es mantener prolon-gadamente
la atención con el fin de profundizar y guardar en la memoria lo
aprendido (conocimientos adquiridos y actividades pendientes o realizadas).
El desarrollo de la atención-concentración
puede estimularse, nivelarse y reeducarse, pues su retraso afecta al proceso
de aprendizaje en general. Específicamente, se tiene como objetivo
el seguimiento de instrucciones, la memorización, la lecto-escritura,
la adecuada organización de la información y el razonamiento.
Para ésto, se debe de tener en cuenta que:
La atención no puede fragmentarse ni focalizarse
en dos ó más estímulos.
Consiste en saber seleccionar ciertos estímulos
y obviar otros.
Intervienen el interés, la voluntad, la motivación,
el conocer el sentido y significado de las actividades y el estado emocional
en general.
Están inmersos otros procesos psicológicos
como la Percepción, la Memoria, el Lenguaje, el Pensamiento y
la Psicomotricidad.
Nivelar u optimizar dicho proceso mental
tiene relación con la información que posee tu hijo(a) respecto
a este tema, y es responsabilidad compartida entre padres, educadores
y psicólogos según sea necesario... Concentrémonos
unos momentos en el comportamiento de nuestros hijos para reconocer ob-jetivamente
su estilo de atención y concentración y... Manos a la obra!
¿¿¿Qué
tan cerca puede estar tu hijo???...
Bully, víctima u observador Daniella Brahim Tabja
El “Bulling” es un fenómeno que, en los últimos
tiempos, ha alcanzado límites inimaginables y ha obligado a profesionales,
padres de familia y a la sociedad en general, a prestarle mayor atención.
Se trata del acoso o el maltrato escolar; es decir, “toda acción
reiterada a través de diferentes formas de acoso (verbal, psicológico,
físico o mediante el aislamiento social) u hostigamiento entre
dos alumnos o entre un alumno y un grupo de compañeros -cosa que
suele ser más frecuente- en el que la víctima está
en situación de inferioridad respecto al agresor o agresores”
(http://www.acosoescolar.info)
Este fenómeno que aparenta ser
sencillo, pasa desapercibido o es mal interpretado por los adultos, pero
es más complejo de lo que imaginamos e involucra a diferentes agentes
para que se pueda producir. Entre ellos se encuentra el agresor o “bully”
que se caracteriza principalmente por su falta de empatía con los
otros y búsqueda de reconocimiento a través de la denigración
de los que considera inferiores.
El segundo agente es la víctima.
Su falta de competencia social, su carencia de asertividad, su dificultad
para saber comunicar sus necesidades claramente y para hacerse respetar
por los demás son sus características principales. Su situación
de víctima refuerza su vulnerabilidad y le debilita socialmente
ante los otros -ante el conjunto de compañeros, no sólo
ante sus agresores- y pierde popularidad paulatinamente entre sus iguales.
A pesar de los buenos consejos, es habitual
que la víctima no cuente lo que le pasa. Algunos indicios son:
cambios en el estado de ánimo, tristeza, se muestra extraño,
huidizo y ansioso. Esto último, se refleja en miedos nocturnos,
micción en la cama, tics nerviosos, irritabilidad, etc. Además,
se muestra distraído, absorto en sus pensamientos, olvidadizo,
asustadizo, finge enfermedades o intenta exagerar sus dolencias (dolores
de cabeza, de estómago, etc.), presenta moretones o heridas; no
tiene amigos para su tiempo de ocio. Si bien estos síntomas no
son determinantes sí son señales de alerta.
El último agente son los observadores,
que poseen una influencia crucial en el curso de los acontecimientos,
pues en el caso de oponerse a las agresiones, los agresores perderán
reconocimiento y poder, y tendrán que ejercer mayor número
de agresiones a más víctimas o cesar en su empeño.
Aprender a identificar los diferentes
matices de abuso y reconocer que nadie tiene por qué ser maltratado
y agredido es un acto de responsabilidad que ayuda a prevenir situaciones
extremas como las observadas en los medios de comunicación de otros
países. Por ello, es importante que padres, maestros y la sociedad
en general promuevan desde la infancia el respeto a los derechos propios
y ajenos, la expresión de afectos y la aceptación de las
diferencias individuales.